La pregunta que casi todo el mundo hace es qué almohada comprar. La pregunta útil es otra: cuántos centímetros mide el hueco entre tu oreja y tu hombro cuando te tumbas de lado. Ahí está la respuesta a qué almohada es mejor para las cervicales, porque una almohada no se elige por material ni por marca, se elige por altura. Y esa altura depende de tu complexión y de tu postura al dormir, no de lo que le funcione a tu pareja.

almohadas

La medida que decide: el hueco entre la oreja y el hombro

Una almohada trabaja bien cuando mantiene la cabeza alineada con la columna, ni caída hacia el colchón ni empujada hacia arriba. Para conseguirlo tiene que rellenar exactamente el hueco que deja tu cuerpo. Durmiendo de lado, ese hueco mide entre 10 y 14 cm en un adulto de complexión media. Boca arriba baja a 8 o 10 cm. Boca abajo, prácticamente desaparece.

Medirlo es sencillo: túmbate de lado en tu colchón, que alguien mida con una cinta desde el colchón hasta la parte baja de tu oreja, y resta uno o dos centímetros, porque la almohada se comprime al apoyar el peso. Ese número es tu altura objetivo, y es el único dato de esta compra que no admite aproximaciones.

Hay una comprobación aún más rápida si no tienes a nadie que te ayude. Túmbate en tu postura habitual y pide una foto de perfil. Si la nariz queda alineada con el centro del pecho, la altura es correcta. Si la barbilla se hunde hacia el pecho, la almohada es alta; si la cabeza cae hacia atrás, es baja.

Por qué la altura importa más que el material

Cuando la almohada es demasiado alta, el cuello queda flexionado toda la noche y la musculatura del trapecio trabaja en tensión durante siete u ocho horas. Cuando es demasiado baja, la cabeza cae y ocurre lo mismo en sentido contrario. En los dos casos el resultado es el mismo: rigidez al despertar y esa sensación de haber dormido mal sin saber por qué.

El material influye en cómo se comporta esa altura a lo largo de la noche, pero no la sustituye. Una almohada de fibra de 12 cm que se aplasta hasta 7 cm al apoyar la cabeza está funcionando como una almohada de 7 cm, aunque en la tienda pareciera otra cosa. Por eso conviene mirar la altura junto con la firmeza, nunca por separado.

Un apunte importante: si tienes una lesión cervical diagnosticada, una hernia o dolor persistente, esto no sustituye a la indicación de tu médico o fisioterapeuta. La almohada puede acompañar el descanso, no tratar una patología.

Los cuatro materiales y a quién le va cada uno

Con la altura ya definida, el material determina cómo se reparte la presión y cuánto tiempo mantiene la forma.

Viscoelástica

Se amolda al contorno del cuello con el calor corporal y reparte la presión de forma uniforme, así que es la opción más habitual cuando el problema es cervical. Mantiene la altura de forma constante durante toda la noche, que es justo su ventaja frente a la fibra. Retiene algo más de calor, aunque las versiones perforadas o con gel lo compensan.

Su punto débil está en el invierno: la viscoelástica se endurece por debajo de unos 18 grados y tarda unos minutos en amoldarse al calor del cuerpo. En un dormitorio frío, las primeras noches pueden dar la sensación de que la almohada es más firme de lo que se recordaba. No es un defecto, es cómo funciona el material.

Fibra

Es la más económica y la más blanda, y también la que antes pierde altura. Funciona bien para quien duerme boca abajo y necesita muy poco relleno, y es fácil de lavar. Si duermes de lado, la fibra se aplasta y deja de sujetar a mitad de noche.

Tiene una ventaja concreta que no conviene despreciar: se puede lavar en lavadora. En casas con alergias al ácaro del polvo, poder lavar la almohada a 60 grados cada pocas semanas pesa más que unos centímetros de sujeción.

Látex

Más firme y con recuperación inmediata, transpira mejor que la viscoelástica y aguanta muchos años sin deformarse. A cambio pesa bastante y resulta demasiado firme para quien busca sensación de acogida. Es la opción de quien duerme caluroso y no quiere renunciar a sujeción.

Conviene distinguir el látex natural del sintético, porque el comportamiento y el precio no son los mismos. Y hay una precaución concreta: el látex no admite sol directo ni secado con calor, que lo cuartean. Si vas a lavar la funda a menudo, comprueba que la almohada lleve una funda extraíble propia.

Pluma y plumón

Muy blanda y muy transpirable, pero sin sujeción real: cede bajo el peso de la cabeza y hay que ahuecarla constantemente. Es una elección de confort, no de soporte, y no es la indicada cuando el objetivo es descargar la zona cervical.

Los tres errores que más cuellos cargan

El primero es elegir la almohada pensando en la sensación al apretarla con la mano en la tienda. Una almohada que resulta agradable al tacto puede ser completamente inadecuada para tu altura, y esa comprobación no dice nada sobre cómo se va a comportar con el peso de una cabeza durante ocho horas.

El segundo es dormir con dos almohadas apiladas. Es la solución improvisada de quien nota que la suya es baja, y crea justo el problema contrario: dos almohadas de fibra suman una altura que flexiona el cuello, y además se descolocan durante la noche, así que la altura cambia sin que te enteres. Si la tuya es baja, la respuesta es cambiarla, no duplicarla.

El tercero es conservar la almohada al cambiar de colchón. Un colchón nuevo con más o menos acogida modifica cuánto se hunde el hombro, y por tanto cambia el hueco que la almohada tiene que rellenar. Si pasas de un colchón hundido a uno firme, es muy probable que necesites una almohada algo más alta que la anterior.

Cómo saber si el problema es la almohada o el colchón

Las dos cosas producen molestias al despertar, así que conviene saber distinguirlas antes de gastar. La regla general es sencilla: la almohada carga el cuello, los hombros y la zona alta de la espalda; el colchón carga la zona lumbar, la cadera y provoca sensación de haber dormido en tensión general.

Hay una prueba de descarte que cuesta cero euros. Duerme tres o cuatro noches sin almohada o con una toalla doblada a la altura que hayas medido. Si el cuello mejora, el problema estaba arriba. Si no cambia nada y la molestia sigue apareciendo en la zona lumbar, mira el colchón y también la base sobre la que apoya.

El orden importa por economía: una almohada se mueve en la horquilla de 38€ a 79€ de nuestra categoría, mientras que un colchón parte de unos 69€ pero se va bastante más arriba en las medidas de matrimonio. Descartar lo barato primero es el orden lógico, y en bastantes casos ahí acaba el problema.

Forma tradicional o cervical: cuándo compensa cada una

Las almohadas cervicales, con el perfil ondulado y dos alturas distintas, sujetan la curva del cuello de forma más precisa que una rectangular. Su problema es que solo funcionan si duermes siempre en la misma postura y si la altura de cada onda coincide con tu medida, porque no se pueden ajustar.

La almohada tradicional rectangular es más tolerante. Si cambias de postura varias veces por noche, que es lo que hace la mayoría de la gente, una rectangular de la altura correcta rinde mejor que una cervical mal ajustada. La forma es el último criterio de la lista, no el primero.

Hay un formato intermedio que funciona bien para quien duda: las almohadas de relleno regulable, que permiten sacar o añadir material hasta dar con la altura correcta. Cuestan algo más y exigen dedicarles un par de semanas de ajuste, pero resuelven el problema de comprar a ciegas cuando no puedes probarla tumbado.

El ancho, la funda y cuándo toca cambiarla

El ancho se elige según la cama, no según la persona: 70 o 75 cm para una cama de 90, 90 cm para una de 105 o 135, y 135 o 150 cm si prefieres una almohada corrida para toda la cama. En cama de matrimonio, dos almohadas individuales funcionan mejor que una corrida cuando cada uno necesita una altura distinta, que es lo habitual.

Esa última prueba es la más fiable de todas. Dobla la almohada, suéltala y observa: si se queda doblada o tarda en recuperarse, el relleno ya no sujeta y llevas tiempo durmiendo peor de lo que crees.

conjuntos descanso

Dónde probar la almohada antes de decidir

Esta es una compra que conviene hacer tumbándose, no leyendo. Por eso nuestras almohadas ViscoDream, de viscoelástica y disponibles en 70, 75 y 90 cm, las tenemos expuestas en nuestras tiendas, donde puedes tumbarte en tu postura habitual y comprobar en dos minutos si la altura es la tuya. Es la única forma de acertar a la primera con esta pieza.

En Ahorro Total llevamos más de 30 años vendiendo productos de descanso, y la observación que más se repite es esta: mucha gente llega buscando cambiar el colchón cuando el problema estaba diez centímetros más arriba. Antes de una compra grande, merece la pena descartar la almohada, que cuesta una fracción.

Si al probarla confirmas que el problema sí está en el colchón, la categoría de colchones viscoelásticos comparte el mismo principio de adaptación por contorno, y ahí sí puedes comparar y comprar online. Y los protectores de colchón de esa misma categoría los tienes disponibles online, que es la compra que más rinde si acabas de estrenar colchón.

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Preguntas Frecuentes

¿Qué altura de almohada necesito si duermo de lado?

Entre 10 y 14 cm en un adulto de complexión media, porque la almohada tiene que rellenar todo el hueco que queda entre la oreja y el hombro. Si tienes los hombros anchos, ve a la parte alta de ese rango; si eres de complexión menuda, a la baja. La comprobación práctica es mirarte de perfil tumbado: la nariz debe quedar alineada con el centro del pecho. Descuenta uno o dos centímetros respecto a la medida en reposo, porque la almohada se comprime con el peso de la cabeza.

¿Es mejor una almohada cervical o una normal?

Una cervical sujeta mejor la curva del cuello, pero solo si duermes siempre en la misma postura y si su altura coincide con tu medida, porque no se puede ajustar. Si cambias de postura varias veces por noche, que es lo más frecuente, una almohada rectangular de la altura correcta funciona mejor. La forma es el criterio menos importante de los tres: primero altura, después firmeza y por último forma.

¿Cada cuánto hay que cambiar la almohada?

Cada dos o tres años en condiciones normales de uso. La prueba definitiva es doblarla por la mitad y soltarla: si no recupera su forma sola, el relleno ha perdido capacidad de sujeción y ya no mantiene la alineación del cuello. Una almohada de fibra suele agotarse antes que una de viscoelástica o de látex. Usar funda y protector alarga bastante ese plazo, porque evita que el sudor apelmace el relleno.

¿La almohada puede ser la causa del dolor de cuello al despertar?

Con frecuencia lo es, sobre todo si el dolor aparece por la mañana y va aflojando a lo largo del día. Una almohada demasiado alta mantiene el cuello flexionado durante horas y una demasiado baja deja caer la cabeza, y las dos situaciones cargan la musculatura. Antes de plantearte cambiar el colchón, prueba a corregir la altura de la almohada, que es mucho más barata. Si el dolor es persistente o va acompañado de hormigueo, conviene consultarlo con un profesional sanitario.

¿Qué ancho de almohada corresponde a cada cama?

Para una cama de 90 cm, una almohada de 70 o 75 cm. Para camas de 105 y 135 cm, una de 90 cm. Y en camas de 150 o 160 cm, puedes optar por una almohada corrida de 135 o 150 cm, o por dos individuales de 70 o 75 cm. La segunda opción suele funcionar mejor en pareja, porque casi nunca las dos personas necesitan la misma altura y con una almohada corrida hay que ceder.

¿Sirve una almohada viscoelástica si duermo boca arriba?

Sí, siempre que la altura sea la correcta para esa postura, que son unos 8 a 10 cm. La viscoelástica funciona igual de bien boca arriba que de lado, porque lo que hace es repartir la presión adaptándose al contorno de la cabeza y la nuca. Lo que no se puede hacer es usar boca arriba la misma almohada que usarías de lado: sobran tres o cuatro centímetros y el cuello queda flexionado. Si alternas ambas posturas durante la noche, elige una altura intermedia y una firmeza media.

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David Kaiser

Director Comercial / Copywriter / Marketing Digital

Director Comercial de Muebles Ahorro Total, empresario y veterano del sector. Estudió Derecho allá por los tiempos en los que internet era cosa de ciencia ficción, y desde entonces no ha parado. Lleva más de 30 años moviéndose como pez en el agua entre sofás, catálogos, fábricas y ferias internacionales.

Especialista en producto, clientes, fabricación, exportaciones y marketing, conoce el mundo del mueble mejor que nadie... y el mundo del mueble lo conoce a él.

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